Mañana saldrá el sol… otra vez
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Ya hemos cogido -una vez más- ese avión, maldito a la ida y bendito a
la vuelta, que nos iba a traer a este lugar en ningún sitio, donde ya nos
encontramos haciendo el “set-up” inicial, esos ajustes que uno siempre hace
cuando cambia su modo de vida habitual por otro radicalmente distinto, que,
aunque vaya a ser temporal, exige y requiere multitud de adaptaciones a ese
nuevo “life-style” , por suerte, están produciéndose pausadamente y sin mucho
ajetreo, lo cual es harto difícil en “la empresa”, en este sentido es algo muy
de agradecer, doy fe por pasadas –y desagradables- experiencias.
Pues, aprovechando ese asueto que estos días nos da, voy a explayarme
someramente sobre las sensaciones, vivencias y demás de estos últimos días
antes del despegue, intensas, como siempre en estos casos, y muchas de las cuales
aun retumban en mi cerebro, por lo emotivo de las mismas.
Me gustaría empezar por una de esas cosas que uno siempre hace cuando está
próxima una partida a tierras lejanas como la que yo tenía tan cercana en el
tiempo… bien, se trataba de algo tan simple como poco habitual, dedicar una
mañana, en absoluta soledad a pasear por el pueblo, disfrutar de él, de sus gentes,
pararse a charlar con los conocidos, de su vida, de su olor, de su
habitualidad… empaparse -por enésima vez- del sabor del sitio donde uno nació y
creció… algo que siempre me había reconfortado y me había dejado un buen sabor
de boca al acabar el recorrido y la mañana… pues bien, en esta ocasión, no
puedo decir lo mismo, mi pueblo está triste, de capa caída y languideciendo, y
eso duele, duele mucho… ver mientras uno pasea a gente pidiendo limosna casi en
cada esquina, gente que paseaba, como yo, pero porque no tenía otra cosa que
hacer, parados y sin esperanza, gente a los pies de los juzgados clamando
justicia, gente conocida que esperaba un más que inminente desahucio, gente que
siempre había sido alegre, jovial y extrovertida, ahora van cabizbajos, tristes
y sin ilusión en su vagar por la vida…y cuando uno es de un sitio pequeño,
pues, lógicamente conoce a mucha de esas PERSONAS , con mayúsculas, y
lógicamente también, la pena , la tristeza o el desaliento son sentimientos que
uno no puede evitar que le embarguen el alma, el corazón y la cabeza, sin duda,
en estos 180 lunes, uno de mis mayores deseos va a ser que al volver a casa,
esa “oscuridad generalizada” que se cernía sobre mi gente, haya dejado paso a
un cielo ya más despejado que sea el preámbulo de un nuevo sol radiante, estoy
seguro de que lo conseguiremos entre todos, la historia nos avala, somos hijos
de España, y en todos estos siglos, hemos salido de peores, así que, seguro que
esta vez no vamos a ser menos.
Los siguientes en la lista son toda esa gente, más cercana en unas
ocasiones y menos allegada en otras que estos últimos días se han preocupado en
llamar, en preguntar, en dar ánimos o en desear suerte a través de multitud de
medios…de viva voz, por watts ap, con un mensaje, una llamada, a través de
redes sociales…en fin, podríamos decir aquí también que inescrutables son los
caminos del señor; son todos y cada uno de esos mensajes de ánimo muy de
agradecer, y a uno le dan fuerza para emprender la aventura que se avecina con más
ganas si cabe.
Mención aparte para la familia, como es lógico… aunque ya son más que
veteranos en estas lides, nunca es plato de buen gusto y en ocasiones como la
que se aproxima, con un riesgo real y tangible, más aun, pero, una vez más, han
estado a la altura… cuidados, mimos, atenciones y mil caprichos mas son con los
que me han colmado estos días, lo cual, al igual que sucedía con esos ánimos de
amigos, conocidos y alegados, viene francamente bien para recargar la batería
del “animómetro”, que tan necesario es llevar al 100% de su capacidad.
Ya por último, y no menos importante, si no al contrario, dejo mis últimas
líneas para ti, mi media naranja, mi mitad, mi vida, mi amor, mi todo… sólo
nosotros sabemos lo que llevamos vivido en estos años, pocos (o mucho según se
mire), pero sin duda muy muy muy intensos… una vez más has hecho de la
resignación una realidad, y no te ha quedado otra que “cederme” unos meses a mi
otro amor, a la patria…sé, porque así me lo demuestras, que aunque no te gusten
estas cosas (lógico y normal), y por mas enfados, pataleos y demás con los que
me obsequias de vez en cuando, al final entiendes -aunque no compartas-, y
sobre todo, respetas, esto que hago, que muchas veces no puedo
explicarte…porque ni yo mismo entiendo
Siempre te digo lo mismo, y ahora, en estos momentos más que nunca,
estoy plenamente convencido de ello, sé que dentro de poco tiempo ya estaremos
juntos, asentados y con todo lo que queremos ya en marcha, porque el tiempo
pone a cada cual en su lugar, y nosotros llevamos unos cuantos años ya
sembrando, con semillas de sacrificio, sudor, esfuerzo y trabajo…y eso, al
final, va a dar sus frutos, ya lo verás, ya lo veremos…
Y es que, aunque a veces no lo parezca, porque todo está muy oscuro…
mañana saldrá el sol… otra vez

